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domingo, 12 de diciembre de 2010

La lucha en las gasolineras del DF y el STRACC Jorge Belarmino

La lucha en las gasolineras del DF y el STRACC
Jorge Belarmino

Damos paso a una serie de documentos. Iniciamos con la cronología que abarca las luchas entre 1999 y 2007:

1999.
• En Servicio Santa Úrsula los trabajadores deciden organizarse para luchar por sus derechos que habían sido conculcados durante años
• Los trabajadores consiguen que se les pague el salario y sus prestaciones en base a una queja que levantaron ante Inspección del trabajo del Distrito Federal.
• El gobierno democrático del Distrito Federal vía la subsecretaria del trabajo local realiza Inspecciones en tres gasolineras con medios de comunicación, diputados federales y locales.
• Los trabajadores de Servicio Santa Ursula se afilian al FAT, solicitan el registro del STRACC ante la autoridad laboral local.
• Todos los trabajadores de Servicio Santa Ursula que están por el sindicato son despedidos.
• Se llega a una negociación con la empresa. Se reinstala a la mayoría de los trabajadores, solo son despedidos tres, la empresa argumenta que la causa es “por ser muy grillos”.
• Los trabajadores despedidos difunden la lucha de Santa Ursula, trabajadores de otras gasolineras se unen a la lucha por organizar el sindicato.

2000
• Representantes de tres gasolineras, Santa Úrsula, Centinela y Bonar (las primeras
tres gasolineras que organizó el STRACC), realizan una conferencia de prensa
en la cual se denuncian las condiciones de trabajo en las estaciones de gasolina. El
Diputado Local Vicente Cuellar Suaste preside la conferencia.
• La empresa Servicio BONAR se entera de que los trabajadores(as) solicitaron el
registro de un sindicato y despide a todos.
• El STRACC realiza su primer mitin en una gasolinera.
• Después de cubrir distintos requerimientos legales el STRACC consigue el registro
para el sindicato
• Cándido Cerón es el primer secretario general del sindicato.

2001
• La estación Centinela realiza su primer recuento. El STRACC gana la titularidad en
Centinela.
• En la estación Santa Úrsula el STRACC gana la titularidad del contrato colectivo
de trabajo.
• Ante la negativa de la empresa para negociar el Contrato Colectivo de Trabajo. El
STRACC estalla su primera huelga en la estación Centinela. Es la primera huelga en
una gasolinera en la Ciudad de México.
• La empresa solo resiste cuatro horas de huelga, negocia el Contrato Colectivo.

2002
• En la estación Gasal el STRACC gana la titularidad del CCT.
• La estación Río Tuerto realiza su elección. El STRACC gana la titularidad del CCT.
• Trabajadores de Consorcio Corporativo se afilian al STRACC y ganan la titularidad
del Contrato Colectivo.

2003
• Salvador Arellano es electo Secretario General del STRACC.

• El STRACC gana la titularidad del Contrato Colectivo en los baños de hortalizas
en la Central de Abasto, las trabajadoras(es) de limpieza no llegan a un acuerdo con
la administración de la Empresa esto provoca el estallamiento de la huelga.

• Después de algunos meses en huelga la empresa reconoce al Sindicato como titular
del Contrato Colectivo de Trabajo.

2004
• La estación Axa realiza el recuento, los trabajadores están actualmente a la espera
de los resultados de la elección.
• El STRACC realiza un evento de solidaridad a fin de crear conciencia sobre las
violaciones laborales en la estación Grupo Autopista. Como resultado, el dueño de
la estación accede a reunirse con la representación sindical.
• A fin de presionar más a los dueños de la estación Grupo Autopista, miembros del
STRACC realizan un segundo evento de solidaridad en la estación.

2005
• Inicia el trabajo de organización en Servicio Ajpa y Servicio Integral Nacional donde se
gana la titularidad, al ganar el recuento con el 100 por ciento de los votos.

2006
• Se fija fecha de recuento en Nivel Superior de Servicio, un grupo de golpeadores
impide que se lleve a cabo la diligencia. Una delegación del STRACC viaja de intercambio
a Estados Unidos ampliando las relaciones internacionales, con el sindicato
de servicios (SEIU).

• El STRACC realiza un encuentro internacional en el Distrito Federal con organizadores
que trabajan en Europa, Estados Unidos y México.
• Salvador Arellano es electo para un segundo periodo en la secretaría general del
STRACC.

2007
• El STRACC establece su programa de capacitación y formación, los temas que se
abordan son: Derecho Laboral, Sindicalismo, Equidad de género y Globalización.
• Inicia trabajo de organización en Servicio Belem y sale un primer grupo de trabajadores
despedido y poco después se gana el recuento, siendo despedidos el resto
de trabajadores.

• El STRACC estalla la huelga en CAFETLAN, la patrona, militante del PRD saquea
los establecimientos.

• El STRACC mantiene trabajo organizativo en diferentes expendios de gasolina.
El siguiente documento es la relación de hechos de un momento particular, que deja
ver las dificultades a las cuales se enfrenta las y los gasolineros:
“Trece trabajadores de la estación de servicio PAGA, SA de CV fueron despedidos de
manera injustificada luego que Patricia Aguilar Nájera, propietaria del establecimiento,
se enteró que los trabajadores se habían afiliado, sin su anuencia al Sindicato de Trabajadores
de Casas Comerciales, Oficinas y Expendios, Similares y Conexos del Distrito
Federal (STRACC) del Frente Auténtico del Trabajo.

“La precariedad laboral en la que se encuentran los despachadores de esta gasolinera
(sin salario, seguro social o cualquier prestación de ley, además de trabajo extraordinario
después o antes de su jornada, etc.), decidieron luchar para cambiar su situación
con el apoyo de un verdadero sindicato, por lo que en febrero pasado se afiliaron al
STRACC.”

Con el STRACC los trabajadores presentaron, el 30 de abril, ante la Junta Local de
Conciliación y Arbitraje del DF, una demanda por la titularidad de su Contrato Colectivo
de Trabajo en contra de la charra Sandra Pérez Velásquez, quién regentea el
sindicato de protección en el cual, los trabajadores estaban afiliados sin siquiera estar
enterados.

“En junio pasado la Junta Local procedió a notificar a la empresa y al sindicato de la
demanda de titularidad, y desde ese momento, en perversa colusión, iniciaron sistemáticamente
el acoso y hostigamiento contra los trabajadores para que firmaran
documentos en blanco y sus renuncias bajo la consigna de firmas o ya no trabajas.”

“El 25 de agosto, la empresa y el sindicato retuvieron a los trabajadores contra su
voluntad, dentro de las instalaciones, ante la negativa de éstos a firmar cualquier documento
que les presentaban; uno de los trabajadores fue desalojado de las oficinas de
la empresa hasta las dos de la madrugada.

“El 26 de agosto a las siete de la mañana, en una acción sorpresiva, llegaron a las instalaciones
de PAGA, que se ubican en Calzada Ignacio Zaragoza No. 2608 Colonia Santa
Martha Acatitla, el abogado de la empresa, el representante del sindicato de protección
patronal, esquiroles y un grupo de guardias de seguridad privada, con la consigna
de obtener las firmas que la empresa pretendía o despojarlos de su fuente de trabajo.
“Los trabajadores resistieron hasta donde fue posible el desalojo. Solicitaron de su
patrón que les explicara el motivo del despido ya que ellos, no habían incurrido en
alguna falta, la respuesta fue contundente, “al no firmar, están con el sindicato, no con la
empresa”, se ordenó entonces cortar la energía eléctrica, acordonar la gasolinera con
los elementos de seguridad privada, y ante las amenazas de agresión los trabajadores
abandonaron su lugar de trabajo.

“¿Qué opción tienen los trabajadores cuando se encuentran inmersos en un mundo
de delincuentes que prohíben el derecho a elegir su sindicato? Si por el simple hecho
de afiliarse a un sindicato real y combatir así los contratos de protección patronal, las
personas sufren agresiones de todo tipo.

“¿No propician los empresarios la delincuencia al violar los derechos de sus trabajadores
obligándolos a firmar hojas en blanco?

“¿En quién confiar para defender el trabajo? ¿En los abogados, líderes sindicales o en
los funcionarios? La triste realidad es que ya no sabemos, estos personajes siniestros
son tan delincuentes como un narco o un sicario, porque trafican con los derechos
de la gente honorable.”

A continuación, una serie de testimonios que nos acercan a la intimidad de esta
historia.

Pagando por trabajar: La lucha por la dignidad en las gasolineras del DF
Una de mis partes favoritas en la entrañable novela Los Días Terrenales, de José Revueltas,
es aquella en la que Rosendo y Bautista, dos militantes del Partido Comunista, atraviesan
un tiradero de basura –en donde también viven los pepenadores- para llegar a la zona
industrial con el encargo de pegar propaganda del partido a las puertas de las fábricas.
Como la propaganda debe estar en su lugar antes de la entrada del turno matutino,
la travesía se realiza en plena madrugada. La absoluta oscuridad que los rodea sirve
de marco a sus monólogos interiores, en los que cada uno de los dos interpreta un
suceso que acaba de ocurrir (y que de hecho constituye el nudo de la novela, pero por
ahora lo dejaremos de lado) de manera diametralmente opuesta a la del otro.

En la narrativa magistral de Revueltas, el tiradero, la oscuridad y el ambiente en general
que constituía el simple trasfondo de los monólogos, adquiere vida propia y termina
por determinar los pensamientos y sentimientos de los camaradas, sobre todo de
Bautista. En cierto momento el lector empieza a sospechar que la travesía del tiradero
será interminable; Bautista y Rosendo están atrapados en ese limbo que se convierte
en un vórtice temporal, y por un momento ya no queda claro si afuera los aguarda la
ciudad industrial o la vieja Tenochtitlan. Aparecen imágenes dantescas: la tenue luz de
un cerillo revela fugazmente a un perro devorando las entrañas de otro ser (¿un bebé
abandonado?). Bautista pisa heces humanas y su asco se proyecta hacia los habitantes
del tiradero, “seres infinitamente no humanos, pero vivos y terribles.” Y de pronto,
cuando la esperanza está a punto de extinguirse, aparece el barrio industrial en toda
su magnificencia.

La muy breve pero vívida descripción del barrio industrial establece un absoluto
contraste entre las tinieblas del tiradero y la diáfana luminosidad de la zona fabril, aquel
panorama de esfuerzo, de lucha, de activo combate... con sus fábricas, con sus músculos, con
su rumor sano, con su fragancia de aceite y petróleo. En suma, el bellísimo escenario del
trabajo asalariado; un mundo inteligible que revela sus secretos con poco esfuerzo:

la apropiación por parte del patrón del valor producido por el trabajo del obrero, el
nivel de explotación del trabajo, la organización del proceso de trabajo que facilita la
colaboración de los trabajadores (y que constituye la base de la solidaridad obrera).
A semejanza de los jóvenes comunistas de Revueltas, muchos activistas de los derechos
laborales, así como estudiosos del trabajo, partimos de esta concepción nítida
del trabajo asalariado desarrollada en todos sus detalles por Marx desde la segunda
mitad del siglo XIX. Nos permite entender de dónde proviene la ganancia del patrón y
establecer una relación entre aquélla y nuestro salario (nivel de explotación). De esta
manera, vemos que toda conquista en salario o prestaciones que le arranquemos al
patrón se traduce en la reducción del nivel de explotación de nuestro trabajo y, por
ende, en una posible reducción de sus ganancias. Incluso cuando enfocamos nuestras
baterías contra los sindicatos charros, lo hacemos a sabiendas de que los charros son
sólo un instrumento del patrón para acrecentar y asegurar la explotación de nuestro
trabajo.

Esta dependencia en la explicación básica del sistema del trabajo asalariado no es
sólo nostalgia marxista, ni dogmatismo de ultraizquierda, tiene también su lógica en
el hecho de que esta noción del trabajo asalariado tiene una expresión jurídica en el
reconocimiento legal de la especificidad de la relación de trabajo. La Constitución de
1917 fue la primera legislación en el mundo que reconoció que el sistema del trabajo
asalariado es esencialmente distinto de la simple transacción comercial entre dos
relaciónde trabajo (es decir, convertirse en trabajador asalariado) implica entrar en una
categoría legal de la que se desprende una serie de derechos.

Pero -como diría Raúl Delasco- aún hay más, desde el Manifiesto Comunista el buen
Marx afirmó que el sistema del trabajo asalariado tiene dos resultados esencialmente
contradictorios desde el punto de vista obrero. Por un lado, obliga a los trabajadores
a competir ferozmente entre sí por los escasos puestos de trabajo y por el acceso a
las migajas de la caridad patronal. Pero por otro lado, la organización del trabajo en
las fábricas tiene el efecto inmediato de fomentar la colaboración de los trabajadores
entre sí (a fin de elaborar el producto) y constituye de hecho un formidable campo
de entrenamiento en solidaridad y trabajo en equipo. Por ello, la clase trabajadora está
tan bien equipada y capacitada para construir una sociedad más justa con base en la
cooperación y no en la explotación.

Ahora bien, la realidad, esa terrible señora que se resiste obstinadamente a encajar en
la teoría, muchas veces nos muestra que este nítido esquema del trabajo asalariado se
escurre por cualquier resquicio que le abre tanto la inventiva de la explotación patronal
como las múltiples estrategias de supervivencia de los trabajadores. Entonces, un poco
como Rosendo y Bautista en el tiradero, los activistas laborales nos encontramos en
la más completa oscuridad conceptual y estratégica para encontrarle el sentido a
ciertas situaciones laborales que se nos presentan impuras, por así decirlo. Porque, por
ejemplo, y aquí -¡por fin!- entramos en materia, ¿cuál es el proceso de obtención de
plusvalía en la venta de gasolina? ¿Cómo podemos reducir el nivel de explotación del
trabajo cuando el patrón ni siquiera reconoce la existencia de una relación de trabajo?
¿Cómo logramos crear y mantener la solidaridad entre cierto tipo de trabajadores
que son empujados a la competencia más despiadada sin el contrapeso de una
organización cooperativa del trabajo?

Llegados a este punto, digámoslo claramente: ¡el Sindicato de Trabajadores de Casas
Comerciales, Oficinas y Expendios del Distrito Federal, objetivamente no debería existir!
Pero el STRACC existe, y no sólo existe, sino que día con día crece y se fortalece.
Así que vale la pena, para militantes y simpatizantes, creyentes y escépticos, echarle
un ojo a la historia de esta “anomalía teórica”, que para muchos de nosotros es en
realidad una prueba de la fortaleza e infinitas posibilidades de organización de mujeres
y hombres trabajadores en lucha por sus derechos y por hacer respetar su inquebrantable
dignidad.

Pero vayamos por partes. El STRACC organiza a trabajadores y trabajadoras del sector
de los servicios y su columna vertebral son los despachadores de gasolina. En el
sector servicios en general y en otros ámbitos como la administración pública, los
trabajadores han venido enfrentando desde hace ya algún tiempo una perversa forma
patronal de eludir las obligaciones legales; ésta consiste esencialmente en la autonegación.
El patrón simplemente dice: Yo no soy patrón, ni tú eres trabajador asalariado; tú
sólo me prestas un servicio de vez en cuando y yo te pago por él, y luego cada quien a lo
suyo. En el gobierno esta forma de contratación está muy difundida. Los empleados,
que tienen horarios fijos y cadenas de mando (pruebas legales de la existencia de
una relación de trabajo), trabajan bajo contratos de prestación de servicios. De esta
forma, el gobierno se ha llenado de freelancers, o contratistas individuales, cuando en
los hechos las oficinas funcionan con la misma regularidad burocrática con el mismo
ejército de empleados públicos.

La situación que enfrentan los despachadores de gasolina es todavía peor. Aquí el
patrón ni siquiera pretende contratar freelancers, ni pagarle a nadie por sus servicios
(de hecho no paga nada). Su argumento es básicamente: Yo no soy tu patrón, ni tú eres
mi trabajador, porque no tengo necesidad de tu trabajo, las bombas funcionan solas; pero
como soy muy buena gente te presto mis bombas de gasolina para que te ganes una propina
despachándoles gasolina a los clientes. Ahora bien, como te estoy dando chance de ganarte
unos pesos en mi estación, espero que la mantengas en buen estado, me ayudes a vender
mis productos y/o me dejes unos pesos como renta de la bomba.

Este argumento es burdo, por supuesto, y prueba de ello es que el patrón exige del
trabajador la documentación necesaria para acreditar la relación de trabajo ante el
IMSS y las autoridades del trabajo. Sin embargo, la inexistencia de la relación de trabajo
es el argumento favorito que esgrimen los patrones gasolineros cuando buscan
eludir su responsabilidad en los casos de accidentes de despachadores ocurridos en
las estaciones de gasolina.

Surge entonces una situación difícil de explicar y entender para activistas laborales
que no están familiarizados con la táctica de la autonegación patronal, y ésta es que
el reconocimiento de la propia condición de trabajador asalariado no es el punto de
partida de la organización de los despachadores de gasolina, sino uno de sus primeros
objetivos. En otras palabras, los despachadores se organizan en primera lugar no a partir
de su condición de trabajadores asalariados, sino para llegar a ser trabajadores asalariados
(al menos plenamente en el sentido legal). Marx se estaría rascando la cabeza.

Por otro parte, es difícil encontrar una forma de organización del trabajo que aliente
mayor competencia que las estaciones de gasolina. Cada despachador o despachadora
debe competir incesantemente con sus compañeros para atraer clientes y ganarse
una propina; cada cliente que gana un despachador es una pérdida para todos los
demás. El único atenuante es cierta rotación que hace que los despachadores trabajen
en pares o en equipos muy reducidos en cada “isla”. En este caso, cada par o equipo
compite con todos los demás y el resultado es básicamente el mismo. La gerencia en
cada estación generalmente hace su parte para acentuar la competencia a través de
favoritismos, premios o castigos arbitrarios y la promesa de beneficios ligados al individualismo
y la traición al grupo.

Volviendo a las fuentes sagradas de la teoría. El proceso de trabajo en las estaciones
de gasolina está diseñado para suprimir cualquier intento de cooperación a gran
escala. ¿Por qué entonces los despachadores de gasolina afiliados al STRACC han
formado un grupo increíblemente cohesionado que ha resistido el embate de
patrones, charros y autoridades venales? ¿Por qué los trabajadores del STRACC están
en primera fila no sólo apoyándose mutuamente cuando hay recuentos sindicales de
otros compañeros gasolineros sino también demostrando su solidaridad con otras
luchas de trabajadores?

los factores externos al proceso de trabajo que constituyen la base de la solidaridad
interna del sindicato. Quizá encuentren que la experiencia socio demográfica
compartida y el hecho de que todos hablamos con el mismo acento del oriente
del DF (de Aragón a Santa Úrsula) e idolatramos a Celso Piña, constituyen una
base más sólida que la posición objetiva en el centro de trabajo. Los estudiosos de
la educación popular resaltarán el papel de la formación política que lleva a cabo
desde su fundación el Frente Auténtico del Trabajo, del que todos los miembros del
STRACC reivindican una afiliación incondicional. Economistas y sociólogos verán en
el STRACC un gran y promisorio ejemplo de la supervivencia del sindicalismo tras el
fin del sistema del trabajo asalariado.

Y otros veremos en el STRACC simplemente a un grupo de hombre y mujeres, unos
más jóvenes y otros más maduros, que han decidido reivindicar su condición de trabajadores
y tomar el futuro en sus manos, transformando la realidad con su acción y
abriendo nuevas formas de entender la participación sindical en escenarios increíblemente
adversos, con una visión radicalmente liberadora.



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